jueves, 10 de noviembre de 2011

El último día

Sólo queda un día para mi final. Lo sé. Mañana moriré. En el fondo lo estoy deseando. Desde hace días soporto una agonía horrible.

Hace una semana aproximadamente que una familia de dementes maníacos me tiene encerrado en una habitación. Cada vez que alguno de los miembros entra en el cuarto no puedo evitar temblar de pavor. Todos los días me mutilan una parte de mi. No puedo soportar esta tortura más. Además luego desprecian lo que me arrancan y lo arrojan a unas nauseabundas aguas fecales.

Sé que muchos han pasado antes por donde yo me encuentro ahora, y que muchos otros han de pasar por aquí cuando yo ya no esté. Si tuviese forma de huir lo haría, pero me tienen atrapado con un mástil. No puedo realizar el más mínimo movimiento. En varias ocasiones he rogado que me liberen, pero yo aquí no tengo voz ni voto. Fingen no oírme.

Les he oído hablar entre ellos. Creen que yo no puedo escucharles desde el cuarto donde me tienen, pero están muy equivocados. Puedo escuchar todo lo que dicen. Han comentado que mañana será mi último día. Ya se están encargando de encontrar a otro que ocupe mi puesto cuando yo no esté. Pobre desgraciado...

*****

Ya ha llegado mi día. Y aquí me encuentro yo, esperando. ¿Qué otra cosa podría hacer? Uno de ellos ya está junto a mí, y solo me queda aguantar paciente hasta que comience con su ritual diario. Pero sé que hoy será diferente. Hoy me despellejará por completo, triando mis restos junto a otros despojos y dejando mi esqueleto desnudo en exposición, colgando del palo al que me encuentro sujeto, hasta que sea cambiado por otro.

Pero no me debo quejar. Yo nací para esto. Nací para ser desollado aquí, como me encuentro en este momento. Sabía lo que me ocurriría hasta antes de ser traído aquí, aunque tenía la esperanza de que no sucediese nunca. Es lo que tiene ser como yo... Es duro ser un rollo de papel de váter.

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